Por Esteban Cano

La revolución tecnológica está creando grandes burbujas. Lo vimos, por ejemplo, con Gowex y el presunto próspero negocio de las redes wifi en las ciudades que resultó no ser tan próspero con un falseamiento de las cuentas de una compañía que presumía de tener oficinas en Nueva York. Lo hemos comprobado con la proliferación de tecnologías para dejar de fumar o del cigarrillo electrónico que llenó nuestro país de franquicias que tuvieron que cerrar a los pocos meses porque los beneficios prometidos no eran tales.

Una de las mayores necesidades de los usuarios de las nuevas tecnologías es la duración de las baterías, tanto a nivel usuario con los móviles, ordenadores portátiles o tablets, como a nivel del floreciente negocio del coche eléctrico. Hasta ahora los materiales usados no pueden garantizar una gran duración de las fuentes de energía sin tener que llevar encima el cargador. Sin embargo, en los últimos años se ha sabido de un material, el grafeno, que presuntamente está revolucionando el mercado de las baterías porque incrementa en mucho las capacidades de estas fuentes de energía.

Al igual que otros sectores vírgenes las oportunidades de negocio provocan que aficionados quieran ser expertos y montan grandes proyectos sin una viabilidad suficiente o sin una experiencia para crear empresas que precisan de grandes inversiones para ser viables. Sin entrar en el modelo tecnológico, España ya tuvo experiencia de esas entradas de empresarios sin conocimientos en la burbuja inmobiliaria: en este país fueron muchos los que crearon inmobiliarias o promotoras sin haber trabajado en el sector de la construcción o la comercialización de vivienda en su vida. Recordemos cómo personas con negocios más o menos prósperos los dejaron a causa de los cantos de sirena y de la posibilidad de hacerse millonarios en pocos días.

El mayor problema de que empresarios sin experiencia entren en el sector tecnológico es, en primer lugar, que precisan de un perfil de trabajador con una capacitación muy concreta que no entra en los parámetros del precariado implantado en este país y exige unas condiciones laborales y salariales muy elevadas; en segundo lugar, las empresas tecnológicas precisan de un departamento de I+D+i muy importante y ya se sabe que la investigación requiere de tiempo para generar ingresos; en tercer lugar, y relacionado con las dos anteriores, es necesaria una importante inversión que, evidentemente, un tipo de empresario que quiere entrar en una burbuja para ganar dinero en el corto plazo precisa de la entrada de inversores externos al proyecto, lo que da pie a que se produzcan estafas. Las burbujas se crean cuando hay un nicho de negocio que puede generar grandes beneficios en un espacio de tiempo muy corto. Sin embargo, las burbujas tienen una duración muy limitada en la que se puede dar el pelotazo, por eso suelen atraer a lo «mejorcito» de la sociedad, sinvergüenzas sin escrúpulos capaces de cualquier cosa con tal de forrarse pasando por encima de lo que sea y de quien sea.

En el caso de una parte de la directiva de Graphenano, según la demanda interpuesta, y admitida a trámite por un juzgado de instrucción madrileño, por uno de esos inversores a la que ha tenido acceso Diario16, esto es lo que ha ocurrido.

Esta demanda se sustenta sobre el hecho de que los demandados Álvaro Zarza García, Ignacio Ramos Covarrubias, Mario Celdrán Romero y la sociedad Westfield Comunicación S.L. presuntamente sustrajeron para beneficio propio de una cuantía superior a los 18 millones de euros de la sociedad que constituyó con el querellante y otros socios.

Tanto al querellante como a Zarza se les presentó la oportunidad de invertir en el negocio del grafeno por ser un material de interés estratégico e industrial, además de ser fundamental para el desarrollo de las TIC. El querellante, Zarza y otro inversor crean la sociedad Westfield Grapheno S.L. nombrando a Álvaro Zarza como administrador de la misma. Las primeras inversiones que se realiza a través de esta sociedad es la compra de participaciones de capital de Graphenano S.L. por un valor de 2,5 millones de euros. El siguiente paso fue la búsqueda de un inversor que participe con ellos del negocio para entrar en el capital social de Westfield Grapheno para poder comprar más participaciones de Graphenano.

Es un momento determinado Álvaro Zarza conoce a un inversor valora el acuerdo con Graphenano en más del doble del precio de compra. Negocia con dicho inversor la entrada en el negocio aportando todo el dinero necesario. Por esta razón se pone de acuerdo con Ignacio Ramos Covarrubias para lograr la entrada en el negocio de Auriga Global Investors Sociedad de Valores.

Zarza ya no necesitaba de los socios con los que constituyó Westfield Grapheno porque ya tenía a un inversor que se haría cargo de las nuevas inversiones y de otros pagos. Por esa razón, junto con Ignacio Ramos, siempre según el relato de los hechos de la demanda, organizaron un plan para apropiarse del negocio gracias a su condición de administrador único e inician acciones para excluir a los demandantes. De este modo, se realiza una doble venta de las acciones de Graphenano citadas anteriormente y las compra de nuevo a través de una nueva sociedad llamada Westfield Comunicación. Vean la similitud de la denominación de esta nueva corporación respecto a la creada junto a los demandantes. Posteriormente se vendió a sí mismo Westfield Comunicación por lo que se hizo dueño también de las participaciones que eran de Westfield Grapheno. Además, «con el fin de sustraer a sus socios los dos tercios que tenían en el negocio, resuelve voluntariamente el contrato de compra de las otras 310 acciones de Graphenano para devolvérselas al vendedor y comprarlas el mismo día para sí a través de Westfield Comunicación, de la que ya se había hecho dueño», dice la demanda.

A continuación, Zarza se apropió del resto del negocio y compromisos de Westfield Grapheno respecto de Graphenano y, con el dinero del inversor, compra una serie de participaciones que debería haberse hecho efectiva junto con sus otros dos socios y no a través de Westfield Comunicación. Estos movimientos tienen como consecuencia que los demandantes y antiguos socios de Zarza se quedan fuera del negocio.

Los socios estafados por Zarza dejan un detalle importante en su querella: el inversor era administrador único de una empresa llamada Best Quality Results S.L. que cambia de denominación social a Auriga Grapheno S.L. pasando de tener un capital social de 3.000 euros a 7,3 millones de euros y que adquirió el 40{66ff23020a1ef607eebbeb0d012b2248c66d866c121265723dca700c591440fb} de las participaciones de Westfield Comunicación S.L. el mismo día de todas las operaciones anteriores.

En resumen, en esta querella se explica cómo Zarza, Celdrán, el notario y su primo, Iñigo Resusta, participaron en una operación destinada a traicionar la confianza de sus socios, llevando a cabo una maniobra de auténticos trileros empresariales y sustraer las participaciones de la compañía a sus antiguos socios, escamados al parecer por la falta de avances. Todo con el fin de vender a los chinos y empezar a lucrarse con el montaje sin obstáculo alguno.

Todo lo anterior es un ejemplo más de cómo las burbujas atraen a personajes codiciosos que con la promesa de ganar dinero en el corto plazo son capaces de traicionar incluso a amigos personales con tal de quedarse con la totalidad del negocio. El grafeno y las empresas que tienen a este material como línea de negocio se vendió como la verdadera revolución en el mercado tecnológico, sobre todo en lo referido a las baterías. De momento ha sido así.

Según expertos consultados por Diario16, empresas como Graphenano pueden realizar grandes avances en las pruebas de laboratorio, es decir, en la fase de investigación del producto. Sin embargo, estos avances son muy difíciles de llevar a la cadena de producción sin incrementar los costes de tal manera que los beneficios desorbitados ya no lo son tanto. Además se duda claramente de la capacidad de Graphenano de cumplir con los compromisos que anuncia respecto a su producto.

La estafa de Álvaro Zarza y sus cómplices no puede tener sólo una motivación de control de la empresa, eso parece claro. ¿Qué hay detrás de todo ello? Según fuentes de los querellantes consultadas por Diario16, la cadena de hechos podría estar relacionada con la llegada del grupo chino Zhejiang Chint Electrics, quien entró en el capital de una filial de Graphenano con una participación del 10{66ff23020a1ef607eebbeb0d012b2248c66d866c121265723dca700c591440fb}.

Graphenano: el sueño de crear el Tesla español sin ninguna certificación

El grupo murciano genera dudas con su producto. Muchas promesas, escasos resultados y absoluta opacidad. ¿Quién controla la empresa? ¿Realmente han desarrollado esa batería mágica que tiene cuatro veces más de capacidad que la de la multinacional Tesla? Es justo señalar que los primeros en destapar las dudas sobre la tecnología de Graphenano fueron los autores del blog Falacias Ecologistas que, en una serie de cinco demoledores artículos, establecieron la teoría de que Graphenano sería, básicamente, un elaborado montaje basado en exagerar cada pequeño avance con el objetivo de conseguir financiación. Una constante huida hacia adelante que llevó a la compañía Chint Electric a invertir 18 millones de euros sin que los hitos tecnológicos que se prometían hayan sido hechos públicos y sin constatación alguna de éxito por parte de la comunidad científica.

La escasez de patentes, el secretismo sobre la tecnología y la incapacidad de mostrar pruebas tangibles de que sus revolucionarios productos existen en realidad han sido parte de una estrategia que ahora está en entredicho.

Fue el diario digital El Confidencial quien denominó como «el cuento de la lechera del siglo XXI» el negocio de Graphenano, al analizar que cosas que la compañía presentaba como certificados eran meros informes técnicos de diferente valía, así como las dudas crecientes por parte de una comunidad científica que no veía por ningún lado el grafeno maravilloso prometido.

Graphenano, al igual que el resto de fabricantes de grafeno tiene un problema fundamental: pueden crear grafeno de alta calidad, pero sólo a nivel de laboratorio. En cuanto intentan escalarlo a nivel industrial, son incapaces, confirman a Diario16 fuentes académicas.

El grupo murciano que vendía que lo fabuloso de su material y prometía grandes beneficios para intentar captar inversores no ha cumplido nada de lo que ha prometido. Sus baterías hechas con un material creado por Dios nadie las ha visto. No están ya implantadas en vehículos eléctricos ni en los teléfonos móviles, ni en los ordenadores portátiles, ni en las tablets. Unas baterías que, según la versión de Graphenano, dejarían a un referente mundial como Tesla a la altura de una pequeña empresa. Sin embargo, según fuentes cercanas a la compañía murciana consultadas por este medio nos certifican que la tecnología maravillosa de Graphenano no ha llegado a concretarse en lo referente a todo lo relacionado con las baterías.

Toda esta opacidad no era muy normal porque, además, las empresas productoras de grafeno disponen de importantes subvenciones de la Unión Europea para la investigación y el desarrollo de este material. Sin embargo, Graphenano, no sólo todo quedaba oculto en la producción del grupo murciano, sino que alardeaban de no recibir esas subvenciones.

Además, un 40{66ff23020a1ef607eebbeb0d012b2248c66d866c121265723dca700c591440fb} de su cúpula directiva está imputada, inculpada, acusada de delitos tan graves como la estafa. Como decíamos al principio, una burbuja, un nuevo Gowex.

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